México enfrenta una de las crisis humanitarias más graves de América Latina, con más de 130,000 personas desaparecidas según cifras oficiales actualizadas.
Esta catástrofe, descrita como silenciosa, abarca desde secuestros y asesinatos cometidos por el crimen organizado hasta casos de personas no localizadas. A ello se suman más de 70,000 cuerpos sin identificar, reflejo de la saturación forense que impide a miles de familias recuperar e identificar a sus seres queridos.
Gran parte de la búsqueda recae en los colectivos de familiares, especialmente madres, que rastrean fosas clandestinas por todo el país. Ellas han encontrado más de 5,000 fosas en la última década.
Solo en junio de 2025, un colectivo halló una tumba con 60 cuerpos —incluidos 10 bebés— en Morelos. Además, casos como el del «rancho del horror» en Teuchitlán, Jalisco, muestran la dimensión del problema. El drama no termina con la localización: la crisis forense impide dar nombre a los restos, lo que prolonga el sufrimiento.
Históricamente, las desapariciones en México han ido en aumento desde la llamada “guerra contra el narco” iniciada por Felipe Calderón (2006-2012), seguida por Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador.
En apenas ocho meses de gestión, el gobierno de Claudia Sheinbaum ya suma más de 20,000 nuevas desapariciones. La tragedia continúa sin respuestas contundentes del Estado, mientras miles de familias siguen buscando justicia y verdad.









¿Y los 70 mil cuerpos sin nombre? Eso duele más que mil discursos
En México hay una guerra que no para y las madres son las que están poniendo el pecho
Más de 130 mil desaparecidos y todavía no hay gobierno que le ponga el cascabel al gato