Washington, EE.UU.– Los principales funcionarios de inteligencia y seguridad nacional de los Estados Unidos se reunieron el pasado viernes para discutir la misteriosa enfermedad el Síndrome de La Habana que aflige a los diplomáticos estadounidenses.
Entre los asistentes a la reunión crítica, presidida por la directora de Inteligencia Nacional, Avril Haines, se encontraban el secretario de Estado Antony Blinken, el director de la CIA Bill Burns y el director del FBI Chris Wray. Una reunión de este nivel indica la importancia que la administración de Washington le da al tema, pero aún se sabe poco sobre la enfermedad.
Aunque se le llama así porque el primer lugar reportado es La Habana, la enfermedad también se ha visto entre funcionarios estadounidenses destacados en Rusia, Polonia, Austria, Georgia, Taiwán, Colombia, China, Kirguistán, Inglaterra y Uzbekistán. Incluso en Washington, donde se han registrado al menos 2 casos.
Inicialmente, se pensó que algún tipo de «arma de sonido» enfermaba a los diplomáticos, pero luego la teoría de la radiofrecuencia pasó a primer plano. No hay evidencia de que esto sea lo que les está sucediendo a los estadounidenses, aunque la intensa frecuencia de radio sí causa las dolencias que son motivo de quejas.
A pesar de la falta de pruebas, tanto el expresidente Donald Trump, como algunos funcionarios de la administración del presidente Joe Biden, culparon a Rusia. Según una teoría, los métodos que siguieron los rusos para intentar robar datos de los dispositivos electrónicos de los estadounidenses tuvieron un efecto secundario tan involuntario.
Luego se adoptó como una especie de táctica ofensiva. Según otra teoría, Rusia ha logrado desarrollar un arma de energía que tiene pequeñas dimensiones y puede afectar a su víctima desde una distancia de un kilómetro.
La parte rusa lo niega.










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