República Dominicana.- Hay un refrán viejo que dice que “el que calla, otorga”. Pero las ultimas tres gestiones de la Policía Nacional, el silencio de sus máximos directores no parece ser ni otorgamiento ni estrategia; más bien huele a guion escrito entre bastidores.
Frente a los medios de comunicación, la respuesta es nula; frente a entidades sociales y físicas, la selectividad es la norma.
¿A quién les hablan? ¿A quienes rinden cuentas? La impresión es que la información institucional pasa primero por un salón de estética y maquillaje, donde se alisan las arrugas de la verdad y se cubren las canas de la urgencia.
Mientras tanto, en la calle, el pueblo observa perplejo cómo ciertos casos de delincuencia y faltas internas reciben un tratamiento privilegiado: “les pasan jabón y molondrón”.
Esa mezcla de complicidad y cuentos inventados deja al ciudadano común en un limbo de incertidumbre. ¿Le creemos al comunicado pulcro y perfumado que sale de la oficina central, o a los rumores crudos que nacen en el barrio y en las patrullas? La duda corroe la confianza.
Ante esta mudez selectiva y este festival de la ambigüedad, el pueblo no pide otra cosa que transparencia cruda, sin filtros ni brochas de maquillaje. Por eso, y para que rime con la verdad, les dejamos esta décima que condensa el sentir colectivo:
Décima al silencio y al molondrón
No hay quien entienda su razón,
ni el porqué de su silencio era;
la institución se vuelve ligera
tapando todo con un telón.
Le pasan jabón con mucha pasión
y le echan molondrón a la historia,
pa’ que no quede rastro ni memoria;
los directores se han mordido la lengua,
y la verdad se vuelve una mengua,
porque al final, solo queda la gloria.
No pedimos héroes, pedimos voces que suenen,
no maquillaje, ni espejos que el alma envenenen.
Pedimos partes diáfanos, sin trampa en la pluma,
y micrófonos con la valentía que no asuma la bruma.
Que el jabón limpie la mancha, no la pinte ni la esconda,
y el molondrón, en los corrillos, no en la verdad que se ronda.
Porque el pueblo ya no se traga ese cuento ligero:
la confianza no se pinta, se gana con la verdad que aprieta en el puñero.















La confianza se construye con hechos y buena comunicación.
Cada ciudadano tiene derecho a expresar su opinión con respeto.
La rendición de cuentas es fundamental en toda institución pública.
Un tema que genera mucho debate en el país.
La población merece información clara y oportuna.