Trece reclusos fueron hallados muertos el domingo dentro de la penitenciaría de Machala, en el suroeste de Ecuador, una cárcel que en menos de un mes acumula 44 fallecidos y que se ha convertido en símbolo del colapso del sistema penitenciario del país.
El Servicio Nacional de Atención Integral (SNAI) informó que las causas de las muertes aún se investigan. Las autoridades realizan autopsias y peritajes después de que la policía encontrara los cuerpos durante una inspección motivada por la explosión de un artefacto en las afueras del penal.
Medios locales señalan que se trataría de muertes por asfixia y que la detonación —presuntamente provocada por un dron cargado con explosivos— habría servido como distracción para facilitar los crímenes dentro del recinto.
La cárcel de Machala ya había sido escenario de dos masacres recientes: 31 presos asesinados hace casi un mes, varios de ellos asfixiados, y 14 muertos en septiembre durante otro ataque entre bandas.
Las prisiones ecuatorianas viven una espiral de violencia desde hace años. Convertidas en centros de operaciones del narcotráfico, acumulan escenas de extrema crueldad que circulan a menudo en redes sociales, desde cuerpos mutilados hasta reclusos jugando fútbol con una cabeza humana. Según la CIDH, al menos 663 presos han muerto de forma violenta desde 2020.
El gobierno del presidente Daniel Noboa ha intentado replicar políticas de mano dura al estilo de Nayib Bukele en El Salvador. En la nueva megacárcel de Santa Elena —inaugurada hace un mes— se trasladaron líderes de bandas criminales, y las autoridades difundieron imágenes de internos alineados, rapados y rodeados por militares.
Aún así, la violencia no disminuye. Ecuador cerrará el año con una tasa récord de homicidios: 52 asesinatos por cada 100,000 habitantes, cifra ligada al fortalecimiento de las mafias y al rol estratégico del país como corredor para el tráfico de cocaína hacia Estados Unidos y Europa.













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Diablo pero en Ecuador las cárceles están hechas un desastre total