Un tribunal de Francia condenó este martes a IKEA a pagar una multa de un millón de euros (1,2 millones de dólares) por espiar a su personal, después de que el mayor minorista de muebles del mundo fuera declarado culpable de recopilar y almacenar indebidamente datos sobre sus empleados.
La sucursal francesa de Ingka Group, propietario de la mayoría de las tiendas IKEA en todo el mundo, fue acusada de espiar a sus trabajadores –revisando los registros de sus cuentas bancarias y, en ocasiones, utilizando empleados falsos para redactar informes sobre el personal– y a algunos clientes durante varios años. Los sindicatos detallaron que la información se utilizó en algunos casos para atacar a líderes sindicales o en beneficio de IKEA en las disputas con los clientes. También se descubrió que había pagado por acceder a archivos policiales.
«IKEA Retail France ha condenado firmemente las prácticas, ha ofrecido disculpas y ha puesto en marcha un importante plan de acción para evitar que esto vuelva a suceder», señaló la corporación multinacional con sede en Suecia. IKEA despidió a varios directivos y revisó su política interna tras salir a la luz las acusaciones en el 2012.










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