República Dominicana.– Después de más de dos décadas trabajando en Egipto, la dominicana Kathleen Martínez hace balance de una carrera arqueológica que ya supera las 3 mil piezas descubiertas y que mantiene viva su misión: encontrar la tumba de Cleopatra.
En conversación con El Nuevo Diario Podcast, Martínez explicó que su proyecto ha permitido identificar una ruta tierra-mar inédita, localizada con el apoyo del reconocido oceanógrafo Richard Ballard. Esa ruta conduce a un templo sumergido que, según la arqueóloga, podría revelar hallazgos aún más sorprendentes que los ya conseguidos.
Varias de las piezas recuperadas han formado parte de exposiciones itinerantes de National Geographic, colocando —dice Martínez— a República Dominicana en el mapa de las grandes expediciones científicas. De hecho, fue la primera arqueóloga latinoamericana en obtener licencia de excavación del Gobierno egipcio.
Ahora, Martínez sueña con establecer en Egipto un Instituto de Arqueología que permita formar a jóvenes dominicanos en excavación, conservación y estudio óseo, con la participación de especialistas de Harvard, Oxford y otras instituciones. Su objetivo es que esos futuros arqueólogos regresen al país y fortalezcan la preservación del patrimonio nacional desde el Ministerio de Cultura.
Pero su visión no se detiene en los faraones. También quiere emprender la búsqueda de la tumba del cacique Enriquillo, ubicada posiblemente en Pueblo Viejo. Para esto traerá a su equipo de Egipto, que ofrecerá los primeros entrenamientos técnicos en el país.
Martínez insiste en que el hallazgo de Cleopatra y Marco Antonio sería “el descubrimiento más grande del siglo”. Agrega que aún faltan por localizar 14 faraones del periodo grecorromano, y que ya se han identificado 21 catacumbas tanto en tierra como bajo el mar, suficientes para seguir excavando durante muchos años más.
Su propia historia comenzó como un sueño infantil que pocos tomaron en serio. Al llegar a Egipto por primera vez, incluso fue detenida porque las autoridades no sabían dónde quedaba República Dominicana. Hoy, ese mismo país la reconoce como profesora, avala sus excavaciones y la ha convertido en protagonista de un documental. Dos décadas después, su obsesión por la egiptología continúa intacta.











Tres mil piezas descubiertas eso no lo hace cualquiera
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