Rusia puso este martes en duda la celebración y el éxito de la próxima cumbre en Budapest entre Vladímir Putin y Donald Trump al rechazar un cese inmediato de las hostilidades en Ucrania y exigir que primero se aborden las “causas originales” del conflicto, como las aspiraciones de Kiev de ingresar en la OTAN y la protección de los derechos de los rusoparlantes.
El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, afirmó en rueda de prensa que la postura rusa “no ha cambiado” y subrayó que cualquier avance debe basarse en lo acordado previamente en Anchorage (Alaska). Lavrov defendió que detener ahora los combates supondría ignorar esas causas y rechazó la petición —promovida por Washington y Bruselas— de un alto el fuego inmediato.
“Detenerse ahora significaría olvidar las causas originales del conflicto”, dijo Lavrov, quien además acusó a países europeos de presionar a Estados Unidos para que modifique su enfoque. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, añadió que la preparación de la cumbre requiere todavía “tiempo” y un trabajo cuidadoso.
Mientras tanto, Kiev y líderes europeos apoyaron la posición de Estados Unidos de exigir un cese de hostilidades como punto de partida para las negociaciones. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, y la Unión Europea han insistido en que la línea de contacto actual debe servir como base para cualquier diálogo.
Lavrov negó que Rusia esté dispuesta a frenar su campaña militar: aseguró que las fuerzas rusas “avanzan en varios sectores del frente” y defendió la intención de Moscú de continuar operaciones hasta alcanzar sus objetivos en el Donbás. También repitió la demanda de que Ucrania retire tropas de las regiones anexionadas y renuncie a la adhesión a la OTAN antes de negociaciones en profundidad.
La aguda disparidad de posiciones quedó de manifiesto en el plano diplomático: fuentes señalaron que la reunión prevista entre Lavrov y el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, fue aplazada por diferencias en las expectativas sobre un alto el fuego. Según Lavrov, ambos coinciden en mantener contactos telefónicos para clarificar posturas, pero no hubo por ahora avances decisivos.
Además de los retos políticos, la logística del viaje presidencial de Putin a Europa plantea complicaciones: su desplazamiento implicaría cruzar espacios aéreos cuyos países integrantes de la Unión Europea y la OTAN podrían verse obligados —teóricamente— a cumplir órdenes de arresto emitidas por la Corte Penal Internacional, lo que añade un componente legal y diplomático a la organización del encuentro.
En ese contexto, la cumbre de Budapest queda en el aire: Moscú la presenta como una continuación de Anchorage, mientras que Occidente exige que cualquier reunión conduzca, primero, al fin inmediato de los combates.













Eso de “las causas originales” es su forma de alargar el pleito
Lavrov no da su brazo a torcer ni con presión internacional
Rusia siempre buscando poner sus condiciones antes de hablar