Al menos 11 personas fallecieron y otras ocho resultaron heridas luego de la implosión de un tanque químico en una planta papelera de la empresa Nippon Dynawave, en Longview, Washington, Estados Unidos.
El incidente ocurrió la mañana del martes, cuando un tanque de almacenamiento que contenía aproximadamente tres millones de litros de “licor blanco” colapsó parcialmente, provocando una fuerte liberación de sustancias químicas utilizadas en la producción de papel.
Las autoridades describieron el hecho como uno de los peores accidentes industriales registrados en el estado. El gobernador Bob Ferguson aseguró que se trata del incidente industrial con mayor número de víctimas en la historia moderna de Washington.
Tras varias horas de labores, los equipos de emergencia cambiaron las operaciones de búsqueda y rescate por trabajos de recuperación de cuerpos, al descartar la posibilidad de hallar sobrevivientes.
De acuerdo con reportes preliminares, el tanque almacenaba una mezcla de hidróxido de sodio, sulfuro de sodio y carbonato de disodio, compuestos altamente corrosivos y peligrosos tanto para las personas como para el medio ambiente.
Los rescatistas encontraron la estructura severamente dañada, con una gran abertura lateral causada por la fuerza de la implosión. El accidente se produjo poco después de un cambio de turno, situación que incrementó la cantidad de trabajadores en el área afectada.
Las autoridades también confirmaron afectaciones ambientales en zonas cercanas, incluyendo el río Columbia, donde fueron hallados peces muertos tras el derrame químico. No obstante, el Departamento de Ecología de Washington indicó que el suministro de agua potable de Longview no corre peligro por el momento.
El jefe de bomberos Scott Goldstein explicó que el tanque operaba al 60 % de su capacidad y que entre 550,000 y 570,000 galones de la sustancia fueron liberados o continúan siendo controlados por los equipos de respuesta.
Hasta ahora, las autoridades desconocen qué originó la implosión. La investigación permanece en manos de agencias estatales y federales, entre ellas la Junta de Investigación de Seguridad Química y Riesgos de Estados Unidos.
La planta pertenece a la compañía japonesa Nippon Paper Industries, que adquirió las instalaciones en 2016. Organismos laborales informaron que existen inspecciones abiertas relacionadas con el manejo de químicos y riesgos industriales dentro de la fábrica.













