Haití conmemora este martes el quinto aniversario del asesinato del presidente Jovenel Moïse, un hecho que profundizó la crisis política, institucional, de seguridad y humanitaria que continúa afectando al país caribeño.
El mandatario fue asesinado el 7 de julio de 2021 en su residencia de Pétion-Ville, en las afueras de Puerto Príncipe, durante un ataque ejecutado por un grupo de mercenarios, entre ellos exmilitares colombianos. Hasta la fecha, nueve personas han sido condenadas en Estados Unidos por su participación en la conspiración.
Las investigaciones judiciales estadounidenses sostienen que el plan fue organizado entre febrero y julio de 2021 en el sur de Florida. Inicialmente, la operación fue presentada a los mercenarios como una misión para arrestar al presidente, aunque posteriormente terminó en su asesinato.
Desde el magnicidio, Haití no ha logrado recuperar la estabilidad institucional. El país no celebra elecciones presidenciales desde 2016, cuando Moïse fue elegido en unos comicios marcados por denuncias de fraude.
Tras su muerte, el país ha tenido varios primeros ministros, entre ellos Ariel Henry, Michel Patrick Boisver, Gary Conille y el actual jefe de Gobierno, Alix Didier Fils-Aimé, quien ha condicionado la celebración de nuevas elecciones al restablecimiento de la seguridad.
Aunque inicialmente los comicios estaban previstos para este año, la persistente violencia mantiene dudas sobre su viabilidad.
La inseguridad se ha convertido en el principal desafío del país. Las bandas criminales controlan actualmente cerca del 75 % de Puerto Príncipe y han ampliado su presencia hacia otras regiones, como los departamentos de Centro y Artibonito.
Según datos de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, la violencia ha dejado 2,310 muertos y 1,106 heridos en lo que va de año.
En el plano humanitario, la situación continúa deteriorándose. De una población estimada en 12 millones de habitantes, alrededor de 6.4 millones necesitan asistencia humanitaria, mientras 1.5 millones han sido desplazados por la violencia y cerca de 6 millones enfrentan inseguridad alimentaria severa.
Ante el deterioro de la seguridad, Haití recibió este año las primeras tropas de la Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF), creada por el Consejo de Seguridad de la ONU para reemplazar a la anterior misión multinacional de apoyo a la seguridad.
La fuerza cuenta actualmente con unos 450 agentes procedentes de Chad, aunque el despliegue total previsto asciende a 5,500 efectivos, que llegarán de forma gradual.
Cinco años después del asesinato de Moïse, Haití continúa enfrentando una compleja combinación de inestabilidad política, violencia de grupos armados y una de las crisis humanitarias más graves del continente americano.













