Un terremoto de magnitud 5,6 sacudió este sábado la provincia de Gansu, en el noroeste de China, dejando un saldo de nueve heridos y obligando a más de 7.800 personas a abandonar sus hogares. El sismo, registrado a las 5:49 de la mañana hora local, también provocó daños en más de 4.000 viviendas.
El epicentro se localizó a diez kilómetros de profundidad y se sintió con fuerza en los condados de Longxi y Zhangxian, en la ciudad de Dinxi, donde ocurrieron la mayoría de los daños. En Longxi, carreteras quedaron bloqueadas por derrumbes de tierra y rocas.
En las dos horas posteriores al temblor se registraron 42 réplicas de entre 4 y 4,9 grados, según la cadena estatal CCTV. Equipos locales de rescate se movilizaron de inmediato, junto a refuerzos enviados por el Ministerio de Gestión de Emergencias.
La región occidental de China es especialmente vulnerable a los movimientos telúricos por su ubicación en la zona de fricción entre las placas tectónicas de Asia e India. En diciembre de 2023, un terremoto de 6,2 en la misma provincia dejó más de 150 muertos.













Más de 7,800 gente sin casa, eso es una tragedia.
Gracias a Dios no hubo muertos, porque con esa magnitud pudo ser peor.
Diablo, un 5.6 se siente fuerte en cualquier sitio.
Nueve heridos parece poco frente a la magnitud, pero miles de desplazados significa que la situación es grave.
Un terremoto siempre deja cicatrices, no solo en las construcciones, también en las familias que lo pierden todo.
Lo más preocupante es el invierno que se acerca en esa zona. Estar desplazado en esas condiciones es durísimo.
China tiene experiencia en responder a estos desastres, pero aun así la magnitud de los desplazados es alarmante.