La madrugada de este viernes, drones ucranianos impactaron la refinería Afipsky, en la región rusa de Krasnodar Krai, una de las plantas más grandes y estratégicas del sur de Rusia. El ataque desató un incendio en una unidad de producción de 30 metros cuadrados, luego controlado por los equipos de emergencia.
La refinería procesa 9,1 millones de toneladas de crudo al año, equivalente al 2,1% del refinado nacional, y abastece de diésel y queroseno a las fuerzas rusas desplegadas en Ucrania. Su ubicación, a menos de 200 kilómetros de la línea del frente, la convierte en un punto logístico crítico.
Los ataques ucranianos a instalaciones petroleras rusas, intensificados desde agosto, han reducido la capacidad de refinado en más de un millón de barriles diarios. Cinco refinerías clave, incluida Afipsky, han quedado parcial o totalmente fuera de servicio, lo que ya provocó escasez de gasolina en varias regiones, alzas de precios de hasta un 50% y racionamiento en estaciones de servicio.
En Crimea y Sebastopol, cerca del 50% de las estaciones dejaron de despachar combustible, afectando el despliegue militar ruso en el sur de Ucrania. Aunque Moscú asegura haber interceptado 55 drones en la noche, la presión sobre su capacidad logística crece.
La ofensiva con drones muestra que Ucrania no solo busca desgastar al ejército ruso, sino también golpear sus ingresos energéticos, en un momento en que la dependencia del combustible refinado se vuelve un talón de Aquiles para Moscú.










